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24 de diciembre de 2013

Segunda Oportunidad - Capítulo 2, Parte II

- No es momento para andar con saludos - dijo él sin ni siquiera mirarla - pero después tienes  que explicarme de dónde has sacado esa ropa.

Laura miró hacia abajo y vio que iba vestida de negro con ropa muy ajustada. Ella nunca había comprado algo así y ni siquiera estaba segura de que le gustase vestir de ese modo.

Leo sacó algo de su bolsillo, en un principio no parecía más que un palo grueso del tamaño de su mano, pero en cuanto lo agarró, le empezó a salir algo de uno de los extremos y se vio lo que en realidad era, una espada.

- ¡Fuego! - gritó el chico y la hoja empezó a arder con llamas de colores verdosos, anaranjados y azulados. El bosque se iluminó alrededor de ellos y los lobos dieron unos pasos hacia atrás, asustados en un primer momento.

- ¡Vaya! - escucharon a su derecha, era una voz de tono burlón. Al mirar hacia allí vieron a un hombre sentado sobre un tronco caído. Tenía el pelo oscuro -aunque es cierto que a esas horas de la noche y en ese bosque, hasta el cabello de Leo parecía oscuro-, los ojos con un brillante color rojo en su iris. - Así que habéis reclutado a una nueva chica, Leo. Siempre eliges a las más guapas. - Acompañó sus palabras con una risa burlona, haciendo que Laura sufriese un escalofrío.

- Lucas, ¿no tenéis otra cosa que hacer estos cachorros y tú que seguir a una niña? - los lobos gruñeron más fuerte cuando escucharon que les llamaban cachorros.
- Estás consiguiendo que se cabreen más... - susurró Laura, notablemente asustada.
- Una niña que está cagada, además, cada vez conseguís gente menos preparada - volvió a reírse. Laura comenzó a caminar con pasos cortos hacia atrás, hasta que escuchó un aullido detrás de ella y disparó la flecha que tenía tensada en el arco, que se clavó en la pata de uno de los lobos que tenía frente a ella. El sonido de dolor del lobo inundó el bosque y el resto de lobos se pusieron en una posición más agresiva. Ella no quería atacarle.
- Has cometido un gran error, chica, ¡a por ellos! - gritó Lucas y se lanzó hacia ellos, convirtiéndose en lobo en el salto. Los animales comenzaron a atacar, mientras Laura se movía por inercia. Lanzaba las flechas una tras otra, sin pensar y sin saber realmente cómo lo estaba haciendo, nunca había usado un arco hasta entonces. A su lado, Leo se movía con agilidad. Esquivaba los ataques de los licántropos en el último momento y lanzaba estocadas con intención de matarlos. Alcanzaba a algunos, pero no era lo habitual, y cuando clavaba la espada, comenzaban a arder.

Pronto el bosque era un cúmulo de sonidos de espada, aullidos y dentelladas. Los lobos resistían y Laura se sentía cada vez más cansada, no sabía cuánto iba a poder seguir. Según mataba a uno, parecía que otro venía por detrás, haciendo que su trabajo pareciese interminable.

Entonces uno de ellos cayó sobre ella, lanzándole lejos el arco. El carcaj se le clavaba en la espalda, al igual que las garras del lobo se le clavaban en los hombros. El lobo intentó darle una dentellada en la cara, pero ella le puso un brazo bajo el hocico para apartarlo. Notaba la sangre cayendo por sus hombros y seguía escuchando a Leo con la espada.

- ¡Leo! ¡Ayuda! - gritó, haciendo que el chico se despistase durante un momento... El momento exacto que sirvió para que uno de los lobos arañase una de sus mejillas, haciéndole caer al suelo.

Siento haberos hecho esperar tanto para esta parte.
Siento también que no esté tan bien como las anteriores. 

19 de agosto de 2013

Segunda Oportunidad - Capítulo 2, Parte I

Abrió los ojos y lo único que notó fue la oscuridad que la rodeaba. Estaba tumbada sobre un manto de hierba y hojas secas, escuchando solamente el ruido del movimiento de ramas al viento y algún sonido animal a lo lejos. La noche había caído horas atrás y ella estaba en mitad de un bosque, ni siquiera sabía cómo había llegado ahí cuando poco tiempo atrás estaba en su casa.

Empezó a caminar con tranquilidad, aunque no con lentitud, sin hacer ruido sobre el suelo. Ni siquiera había sido consciente hasta ese momento de que era capaz de andar con tanto sigilo. Miraba alrededor intentando encontrar algo que le diese una pista de dónde estaba o que le dijese cómo había llegado hasta ahí, pero todo para ella era nuevo, aunque de forma extraña le resultaba familiar.

Un aullido detrás de ella y unos pasos pusieron a Laura en alerta. Empezó a correr, sentía frío, un frío que parecía cortarle las mejillas al correr. También se dio cuenta de que debía tener el pelo recogido, ya que lo único que sentía era un par de mechones que le caían a los lados de su rostro. Saltó por encima de un tronco caído y, al caer, giró en redondo derrapando con su pie izquierdo. Llevó la mano a su cinturón y sacó la daga, una daga que no sabía que tenía ahí, pero a la que su mano había ido sin ni siquiera pensarlo.

Un lobo apareció en su campo de visión, el lobo más grande que había visto nunca. Tenía aproximadamente su altura corriendo y le doblaba en ancho. Iba a gran velocidad con sus ojos, rojos y brillantes, clavados en ella. Quería cazarla. Lanzó otro grave aullido cuando estuvo suficientemente cerca, entonces se escucharon a otros lobos aullar desde distintas zonas; estaba llamando a su manada.

El lobo en carrera se lanzó sobre ella. Laura actuó siguiendo su instinto, dobló sus piernas para que el lobo pasase sobre ella y volvió a girarse, preparando su daga para actuar. El animal volvió a abalanzarse sobre ella, que lo esquivó con agilidad, y le dio un tajo en el cuello según pasaba. La sangre brotó de la bestia, que cayó de bruces contra el suelo. Aunque intentó volver a levantarse, no pudo hacerlo.

El resto de la manada venía con rapidez, podía escucharlos y podía olerlos por encima del hedor de la sangre que todavía manaba del cuello del lobo caído.

- ¡Saca el arco!

Escuchó una voz a sus espaldas, seguida del disparo de un arma de fuego. El quejido de uno de los lobos le impidió mirar hacia detrás, pero pudo sentir como alguien se ponía a su lado izquierdo.

Le hizo caso y sacó el arco que llevaba a su espalda, cargándolo con una flecha. Los lobos se acercaban con lentitud frente a ellos, parecía que el disparo les había hecho cambiar de estrategia e ir con más tranquilidad.

Los lobos les rodeaban, lo sabía porque podía escuchar los gruñidos de los animales, era la forma que tenían para amenazarles. Se sentía ahora más segura con alguien a su lado, aunque ni siquiera había visto a quien le acompañaba. Tensó la cuerda del arco hacia uno de los lobos que tenía frente a ella y se atrevió a girar al rostro para verle. Reconocía ese pelo, reconocía ese cuerpo, no hacía mucho que lo había visto...

- ¿Leo?

14 de junio de 2013

Segunda Oportunidad - Parte VII

Laura caminó junto a Leo sin saber qué decir. Con todo el asunto del profesor se había quedado sin ganas de hablar, incluso sin ganas de volver el día siguiente a clase. ¿Cómo se había enterado de lo de sus padres? Vale, suponía que todos los del colegio –al menos los de su clase– sabían que era adoptada, no es normal que alguien empiece en una escuela a mitad de curso, pero no tenían por qué saber que sus verdaderos padres habían muerto… Ella no se lo había dicho a nadie y estaba segura de que su nueva madre tampoco lo habría ido contando. ¿Acaso se dedicaba a investigar a sus alumnos o todo el mundo sabía lo de sus padres? Bueno, desde luego ya todos lo sabrían a partir de ahora.

- Estás muy callada, Laura. – escuchó decirle a Leo, sacándola de sus pensamientos. Pasó uno de sus brazos por la espalda de Laura, posando su mano en su cintura.
- Lo siento… - dijo ella avergonzada, seguro que estaba siendo una compañía horrible, nunca gusta caminar con alguien que está callada en todo momento.
- ¿Sigues dándole vueltas? – le preguntó, acariciándole donde había posado la mano para intentar darle fuerzas, ella simplemente asintió. Le gustaba sentir la mano de Leo en su cintura, era cálido y reconfortante. Agradecía que estuviese ahí y que le acompañase, seguro que en el autobús hubiese sido peor, alguno de sus compañeros se metería con ella por lo que dijo el profesor.

Caminaron un par de minutos más hasta llegar a la zona de aparcamiento. Hasta entonces no había pensado en ello, pero ahora se preguntaba cómo iba a acompañarla a casa. No podía tener coche, era demasiado joven… ¿Es que tenía una moto? Laura se puso nerviosa. Nunca había montado en moto y tenía algo de miedo por ello, las motos no tienen mucha seguridad.

- ¿Te gusta? – dijo señalando, en efecto, su moto. Como cualquier moto que puede llevar un menor, no era gran cosa, pero la tenía decorada de forma muy bonita. Era negra con motivos rojos en forma de fuego.
- La verdad que es muy bonita. – dijo con una sonrisa en el rostro, giró su mirada hacia él.
- ¿Te da miedo? – preguntó él. Sabía leer bien su rostro.
- ¿Tanto se me nota? – respondió Laura, mordiéndose el labio. – Un poco, es que nunca he montado en moto.
- No te preocupes, Laura, no va a pasar nada. – miró a los ojos de Laura. – confía en mí.
- Confío en ti. – contestó ella, asintiendo con rapidez.

Leo le dio un casco y él se puso otro. Bueno, al menos era responsable, eso tranquilizó a Laura. Una de las cosas que no le gustaban de las motos es que la mayoría de los chavales las manejaban de forma irresponsable, ni siquiera se ponían casco y conducían a una velocidad más alta de la que debería. El chico se subió en la moto y la arrancó.

- Súbete. – le instó él. Ella le hizo caso rápida y torpemente, casi se cae al intentar subirse… Menos mal que él estuvo atento para agarrarla antes de que pudiese caer. – Agárrate fuerte a mí.

Arrancó la moto y empezó a conducir. Le preguntó dónde vivía, ella le contestó aunque no sabía si le habría escuchado, el viento hacía más ruido de lo que ella pensaba. Estaba sujeta al cuerpo de él. Las manos de Laura estaban sobre el torso de él, podía sentir que lo tenía bien cuidado, podía sentir los abdominales bien definidos bajo la camiseta del chico… No podía verse, pero sabía que se estaba ruborizando.

Un cuarto de hora después estaban en los jardines de la casa de Laura. Se desmontaron de la moto y él la acompañó hasta la mitad de los jardines. Laura se mordió el labio mirando hacia la puerta de su casa, no le importaría pasar más tiempo con Leo, se lo pasaba bien hablando con él. Igual que hablando con Marta, pero Leo… Leo era más guapo, tenía unos ojos preciosos, estaba claro que cuidaba su cuerpo y sus labios… Sus labios eran atractivos.

- ¿Dónde miras? – preguntó él con tono de diversión, provocando que Laura se pusiese completamente roja.


Leo dio un paso hacia ella. Laura notaba que su corazón empezaba a moverse a alta velocidad, casi le costaba hasta respirar. Se humedeció los labios de forma involuntaria y se quedó mirando los ojos del chico. Él pasó un mechón de pelo de la chica tras su oreja, estaba realmente cerca, Laura casi podía sentir la respiración de Leo sobre sus labios…

Quiero dedicar este capítulo a la mayor fan de Segunda Oportunidad que tengo.
Hoy es el 19º aniversario de Nahia, una compañera de clase, mi mejor amiga en clase, que me ha apoyado mucho con esta historia.
Muchas felicidades, Nahia, pasa un gran día y espero que este capítulo esté a la altura de lo que esperas.

9 de mayo de 2013

Segunda Oportunidad - Parte VI

Laura pasó uno de sus ondulados mechones de pelo tras la oreja antes de volver a entrar en clase para acometer las últimas horas del día. Hora de historia y después volverían a casa. Se sentía a gusto en su primer día de clase y, en realidad, le daba pena que el día se acabase después de haber conocido a tanta gente con la que parecía llevarse bien. Tenía miedo de que todo hubiese sido un sueño y temía que al siguiente día volviese a estar sola… Si le pidiesen opinión a Alexia seguro que le gustaría dejarla sola.

- Preparada para la hora de historia, ¿no? – le preguntó Leo cuando se sentó en su sitio. – Es la peor asignatura con diferencia. – Miraba a Laura retándola con su sonrisa, Laura no pudo evitar sonreírle de vuelta.
- ¿No te gusta historia? – preguntó ella simulando estar sorprendida. – Con lo que mola saber lo que hicieron nuestros antepasados… - frunció el ceño ante su propia frase. – Ha sonado más sarcástico de lo que esperaba, en realidad me encanta la asignatura. – Se quedó mirando los ojos de su compañero.
- No, no es por eso, es porque…

En ese momento la puerta de la clase se abrió y Leo se quedó completamente callado, mirando al frente. Parecía temer al profesor. Éste parecía un sargento. Tenía el pelo cano y rapado, un gesto serio en su rostro, tan serio que parecía no haber sonreído en años. Parecía mantenerse en forma, además. Vestía con un traje negro y corbata. La clase, que había estado alborotada hacia un instante, se había quedado completamente callada y miraba al profesor de forma expectante. Miró a sus alumnos como si estuviese estudiándoles hasta que su mirada se fijó en Laura.

- Laura Sánchez, ¿verdad? – preguntó el profesor. El tono de su voz era grave y autoritario, Laura podía entender por qué los alumnos parecían temerle. Se limitó a asentir. – bien, ya me han contado. – Su tono parecía haberse suavizado, por lo que Laura se tranquilizó ligeramente. – No te creas que voy a sentir lástima porque tus padres muriesen o por los problemas que hayan tenido las otras familias con las que has estado. Aquí has venido a aprender como cualquier otro alumno más y no voy a consentir, ni facilitar peloteos de ningún tipo. – El profesor dejó de hablar, pero sus palabras resonaban en la mente de Laura, quedándose grabadas a fuego en su cabeza. Se había quedado blanca mirando al profesor, con la boca abierta y sin saber qué decir. Sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas. Un murmullo recorría la clase desaprobando las palabras del profesor y todos miraban a Laura en ese momento, queriendo ver cómo reaccionaba. Una sonrisa de suficiencia se dibujó en el rostro del profesor al ver que había conseguido su objetivo. Se puso mirando al resto de la clase para empezar con su lección.

Laura sintió una mano sobre su espalda, un tacto cálido sobre ésta que contrastaba con el frío que sentía en su interior. Giró su rostro y vio que era Leo el que intentaba reconfortarla después de ese duro golpe. El chico le mostró su sonrisa, a lo que ella sólo respondió con un tímido gracias, aún estaba sin saber qué decir.

Siguió la clase y Laura no pudo concentrarse en toda la hora, seguía dándole vueltas a lo que el profesor le había dicho. Estuvo dibujando en un papel todo el rato, intentando distraer su mente de todas las imágenes que le venían a la cabeza. Los policías que vinieron a su casa a darle la noticia, el tener que irse a aquel orfanato, el resto de su infancia… No fue nada fácil, pero supo seguir adelante y estaba segura de que ésta iba a ser la familia definitiva, al menos había empezado bien.

La hora terminó y ella suspiró, enjugándose las pocas lágrimas que aún le caían. Había pasado mucho tiempo, pero aún no había superado las muertes de sus padres y que el profesor lo hubiese soltado en medio de clase de forma tan repentina le había pillado por sorpresa. Cogió su mochila y se levantó de su sitio saliendo lo más rápido posible de clase. Notaba que alguien le seguía y cuando atravesó la puerta sintió que un brazo tiraba del suyo. Al girarse vio los azules ojos de Leo justo frente a los suyos. Se quedó mirándolos durante un instante.

- ¿Estás bien, Laura? – le preguntó con un tono notablemente preocupado. – No debió decir aquello…
- No, eh… No sé… - la chica hablaba con nerviosismo; nervios que eran mezcla del estado anímico en el que se encontraban y los ojos del chico mirándole tan de cerca. Él lo notó y pasó uno de sus brazos tras su cintura acercándola a él para abrazarla. Ella hizo lo propio. Cerró los ojos y aspiró su olor, olía realmente bien.
- Vamos, te acompañaré a casa.

23 de abril de 2013

Segunda Oportunidad - Parte V

- Parece que has hecho buenas migas con Leo – le dijo Marta según salían de clase. Habían pasado dos horas de clase y ahora les tocaba recreo, pero para Laura el tiempo había pasado tan rápido que ni había tenido tiempo de bostezar. Obviamente, esto no fue gracias a sus profesores, sino porque había estado hablando en todo momento con su compañero de mesa, Leo.
- Sí, no sé. Es majo, ¿no? – respondió a Marta encogiéndose de hombros al tiempo que sentía que su rostro iba adquiriendo bastante rubor.
- Que no te dé vergüenza, Laura, todos hemos pasado por eso con él. – dijo Sonia girándose para mirarlo mientras él salía de clase mostrando su espléndida sonrisa. Un suspiro salió de la boca de la pelirroja.
- Pues yo no. – repuso Andrea, no queriendo llevar la contraria, sino puntualizando lo que su amiga había dicho.
- Hubiese sido raro que te gustase a ti, Andrea. – le espetó Alexia mientras sacaba un cigarrillo de un paquete que guardaba en su bolso. – Ese chico es demasiado para ti, Laura, deberías dejarlo a las profesionales. – se puso el cigarro en la boca y se ajustó los pechos en su blusa, girándose para guiñar el ojo a Leo, que le apartó la mirada. Esto pareció molestar a Alexia, a juzgar por el gesto que puso en su rostro. Laura miró a Marta y ambas rieron por lo bajo, tampoco querían que la rubia se enfadase. – Bueno, ¿vamos a salir o qué? Me muero por fumar de una vez.

Las chicas comenzaron a caminar por el pasillo. Alexia iba al frente contoneando su cadera y mirando hacia delante, estaba claro que lo que le gustaba era que los chicos estuviesen pendiente de ella, ya que sonreía cada vez que se percataba que uno de ellos se giraba para mirarla –y no eran pocos los que lo hacían–, tras ella las otras cuatro chicas caminaban una junto a la otra. En el primer momento le había parecido que Marta era la líder de este grupo, y probablemente así era, pero Alexia parecía querer llevar el mando y el resto de chicas no se molestaba en negárselo, probablemente no querrían discutir con ella.

A Laura le resultaba extraño este grupo de amigas, parecían muy diferentes la una de la otra, aunque sin duda la que más destacaba en ese grupo era Alexia. Tenía curiosidad por saber cómo llegaron a juntarse con ella, por qué seguían con ella cuando se veía que con ninguna se llevaba especialmente bien.

Al llegar aquella mañana al instituto se había quedado tan maravillada con el edificio que ni se había fijado en los terrenos. Cuando salió del edificio con sus compañeras miró a su alrededor y vio que el exterior no tenía absolutamente nada que envidiar al interior. Los jardines estaban muy cuidados, había zonas con árboles y otras sin árboles, para la gente que prefiere estar en sol y en sombra. Muchos alumnos descansaban tumbados en las zonas de hierba, otros charlaban sentados en los bancos y otros iban incluso fuera del recinto escolar, que era donde ellas se dirigían para que Alexia pudiese fumar.

- ¿Va siempre de ese rollo? – preguntó Laura en voz baja.
- Sí, más o menos. Es sólo que eres la nueva y no le gusta que nadie destaque por encima de ella. Hoy te estás llevando tú todas las miradas y las atenciones, eso no le gusta. – dijo Andrea, que parecía hablar siempre con mucha claridad sobre cualquier cosa.
- Sí, habitualmente no es tan insoportable… Creo. Igual es que ya nos hemos acostumbrado. – dijo Marta y las cuatro empezaron a reír. Alexia se giró con cara de pocos amigos.
- ¿Qué es lo que hace tanta gracia? – preguntó malhumorada.
- Nada, Alexia, es un chico que se ha caído ahí atrás. Lo siento, te lo has perdido. – dijo Sonia encogiéndose de hombros, lo dijo de forma tan natural que Laura pensó que eso era algo que estaban habituadas a hacer.

- ¿De verdad Leo es demasiado? – susurro Laura al oído de Marta mientras Alexia flirteaba con un chico y las otras dos chicas estaban demasiado absortas en una conversación sobre música para hacer caso a lo que Laura decía.
- ¿Leo? No creo, es una historia divertida. – Laura frunció el ceño – verás, Leo es nuevo este año en el instituto. Es obvio que es mucho más guapo que el resto de compañeros, Alexia también se dio cuenta de eso. Te has fijado en la facilidad que tiene Leo para ser divertido, ¿verdad? Pues es el único que ha rechazado a Alexia en toda su vida y sus palabras hicieron que muchos empezásemos a reír. Alexia no asume que es porque ella no le gusta, así que cree que él está por encima de cualquiera. – Marta sonrió, parecía estar recordando lo que pasó en aquella ocasión. – Quizás deberías intentarlo…

Feliz día del libro a todos.

7 de abril de 2013

Segunda Oportunidad - Parte IV

La clase entera quedó en silencio y se giró al ver que Laura entraba en el aula. “Genial, ahora todo el mundo está pendiente de mí, justo lo que quiero”, pensó. Cerró los ojos un instante, tragó saliva, respiró hondo y se acercó hasta la profesora, que le esperaba pacientemente. Notaba que sus mejillas iban ruborizándose conforme entraba y estaba segura de que para el momento en el que llegó junto a la profesora su rostro estaría ya completamente rojo.

- Hola. – Le saludó en la profesora para que sólo ella la oyese – Laura, ¿verdad? Yo soy Clara, seré tu tutora lo que resta de curso. – extendió una mano hacia ella, Laura simplemente asintió y le estrechó la mano a forma de saludo. Los cuchicheos habían vuelto al aula, podía escuchar algunas palabras sueltas. Algo sobre su pelo, algo sobre cómo llevaba la ropa y alguna palabra como “adoptada” y el nombre de su nueva madre aparecían entre el murmullo.

- Silencio, chicos. – instó la profesora cambiando su semblante de cordial a autoritario – como veis ya tenemos a nuestra nueva compañera con nosotros, ¿quieres presentarte? – volvió a parecer cordial al mirarla y con un gesto de la mano le indicó que se dirigiese al resto de sus compañeros.

Laura se mordió la parte interior del labio con nerviosismo y se giró para ponerse de frente a sus compañeros de clase. Algunos la miraban de forma burlona, sobre todo los chicos que estaban en la parte trasera del aula, otros la miraban expectante. Sin embargo, su mirada se detuvo en la de Marta, ésta sonreía y al ver eso le dio el empujón que necesitaba para ponerse a hablar. Respiró hondo una vez más y, con una sonrisa, empezó a hablar, aunque realmente no sabía qué decir.

- Bueno, eh… Hola. Mi… Mi nombre es Laura. – volvió a respirar hondo y volvió a mirar a Marta, que le guiñó un ojo, con lo que Laura no pudo evitar sonreír – no sé qué decir, nací en Madrid y tampoco quiero contar realmente mi vida. – miró a la profesora intentando que le dejase por fin sentarse.

- Puedes sentarte.

Laura miró alrededor buscando un hueco libre junto a Marta, pero el único sitio que quedaba era uno en segunda fila junto a la ventana. Fue rápidamente hacia allí y saludó a su nuevo compañero de mesa con una sonrisa. Era un chico de pelo rubio corto, unos intensos ojos azules y bastante corpulento. Al llevar manga corta se podía ver que trabajaba los músculos de los brazos, por lo que Laura supuso que iba al gimnasio. Cuando se sentó, a la izquierda de él, pudo ver que en la parte superior del brazo tenía un tatuaje. Sólo se podía ver la parte más baja del mismo, pero se veía con claridad que el tatuaje era un típico tribal, aunque seguro que le lucía bastante bien.

- Así que no quieres contar nada sobre tu vida, ¿verdad? – susurró el chico para que la profesora no le escuchase, pues ya había empezado con su lección. – Una chica misteriosa, me gusta. – le ofreció a Laura una sonrisa que hubiese paralizado a cualquier chica.

- Guárdate esa sonrisa para otra, conmigo no te va a funcionar. – le contestó Laura de mal humor, ni siquiera sabía por qué. Acto seguido se arrepintió de haberle replicado así, pero el poco orgullo que conservaba le hizo morderse la lengua.

- Tranquila, fiera, no hace falta que me muerdas. – dijo él sin borrar esa sonrisa de su rostro. – Venga, volvamos a empezar. Bienvenida a este instituto y bienvenida a la clase de la maravillosa profesora Clara, la más divertida de todas las profesoras del mundo. – Laura no pudo evitar reír ante eso, lo que le valió una mirada acusadora de la profesora. Le sorprendió que no le dijera nada, estaba segura de que si hubiese sido cualquier otro el que se hubiese reído así, Clara no se hubiese quedado callada. – Mi nombre es Leo. – dijo extendiendo la mano por debajo del pupitre para presentarse. Su encantadora sonrisa seguía en su rostro, aunque esta vez Laura la vio con más agrado que antes.

- Gracias por la bienvenida, Leo. – le contestó con una sonrisa divertida en su rostro y mirándole a los ojos, era difícil dejar de mirarlos. Igual no resultaba ser el idiota engreído que parecía a simple vista.

El grito de la profesora diciendo el nombre del chico trajo a Laura de vuelta a la realidad y miró al frente, soltándose rápidamente de la mano de Leo, de nuevo totalmente ruborizada. Toda la clase estaba mirando hacia ellos, ¿cuánto tiempo había pasado mirando esos ojos sin darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor?

19 de marzo de 2013

Segunda Oportunidad - Parte III

Laura se quedó impresionada en cuanto atravesó las puertas del instituto, el lugar era mucho mejor de lo que se había imaginado. El suelo era de un parquet de color oscuro. En contraste, las paredes eran de color claro, aunque sin llegar a ser blanco. El mobiliario y los marcos de la puerta también eran de una madera oscura a juego con el suelo. Varias esculturas y plantas adornaban los pasillos e incluso había taquillas, ¡era como estar en una serie de televisión americana!

- ¿Te gusta? – pregunta Marta con una sonrisa en su rostro.
-¿Qué si me gusta? ¡Me encanta! – contesta Laura con una sonrisa aún más amplia que la de su compañera.

Marta apremia a Laura a que la siga y comienzan a andar por los pasillos hasta que llegan a una zona de taquillas, donde se detienen.

- No sé cuál será tu taquilla, luego te dará la llave y el número la profesora Carla… Es nuestra tutora. – añade esto último ante el gesto que puso Laura por no reconocer el nombre.
- Espero que me toque cerca de la tuya… - dice Laura, todavía con un tono de timidez en su voz.
- Yo también lo espero. – contesta Marta sonriendo y su mirada se escapa por encima del hombro de Laura – Ey, mira, ahí vienen las chicas.

Laura se da la vuelta justo a tiempo para ver llegar a un grupo de tres chicas que charlan y ríen. Una de las chicas es pelirroja, de piel pálida y viste con un vestido holgado. Según se acerca, Laura se percata que tiene unos preciosos ojos azules. A su lado camina una chica morena, tanto en color de pelo como de piel, con los ojos tan oscuros que era difícil distinguir el iris de la pupila. Vestía con pantalones vaqueros y camiseta negra ajustada, conjunto que le hacía una figura muy atractiva. La última de las chicas era rubia y tenía los ojos verdes. Llevaba una blusa ceñida de color azul celeste que llevaba puesta de tal forma que se le veía el piercing del ombligo, que combinaba con una minifalda de color negro. Laura se apartó para dejarlas acercarse a Marta, a la que dieron sendos besos.

- ¿Quién es esta? – preguntó la rubia con un tono muy poco cordial.
- Sonia, compórtate… - responde Marta con tono serio. – Esta chica es Laura, la nueva. – informó a sus amigas – Estas son Sonia, Andrea y Alexia – dijo señalando a la pelirroja, a la morena y a la rubia respectivamente.
- Encantada. – dijo Laura sonriendo tímidamente, las otras chicas se acercaron a ella dándoles dos besos cada una… Menos Alexia, que decidió quedarse a una distancia prudencial mirándola como si estuviese analizándola. Marta miró a Alexia y rodó los ojos, negando con la cabeza.
- No te preocupes por ella, Laura – le dijo – siempre es así al principio… Es su forma de ser, en cuanto se acostumbre verás cómo puede llegar a ser una buena amiga.

Entonces Marta agarró a Laura del brazo para caminar. Laura notó como se ponía nerviosa y miró de reojo a su amiga y después caminó junto a ella, mientras Marta le explicaba todo lo que parecía que tenía que saber, desde dónde estaba el aseo más cercano, hasta dónde solían estar los tíos más guapos del instituto. Finalmente llegaron a su clase, donde su nueva tutora la estaba esperando. Clara dedicó a Laura una bonita sonrisa mientras Marta y las demás se sentaban en sus sitios. “No, una presentación pública no… Prefiero presentarme yo por mí misma cuando sea el momento”, pensó Laura, pero parecía que su profesora no tenía los mismos planes, pues estaba esperando a que el resto de alumnos se sentasen para empezar la clase con la presentación de la nueva alumna.